Las listas de ganadores se venden a miles de personas el mismo día. Krevio no mantiene ninguna lista: recorre el catálogo real de CJ Dropshipping por páginas nuevas en cada ciclo y aplica cinco filtros duros antes de que ningún modelo de lenguaje llegue a opinar.
Una lista de 50 productos es un problema de distribución: cuanta más gente la compra, menos vale. Krevio guarda por dónde iba y sigue por páginas que no había visto, así que dos ciclos seguidos nunca miran el mismo trozo del catálogo.
Solo ves lo que ya se te ha ocurrido. Y se le ocurre lo mismo a todos los que usan la misma herramienta.
El cursor avanza por el catálogo entero. El producto raro que nadie buscaría sí aparece, porque nadie tuvo que pensarlo antes.
El envío lento no se paga en tiempo, se paga en devoluciones y en disputas de tarjeta. Antes de mirar nada más, Krevio comprueba que hay línea express real hacia el país que has elegido; si solo hay estándar, el producto sale del barrido aunque el margen sea excelente.
El envío se estima con la tarifa real por gramo y entra en el coste aterrizado, no como una nota al pie. Por encima de 2 kg el corte es duro: el transporte y las devoluciones se comen cualquier margen que hubiera sobre el papel.
Da igual el margen: si Meta o TikTok no dejan anunciarlo, el negocio no arranca y encima te arriesgas a perder la cuenta publicitaria. El descarte se hace por nombre y categoría, antes que ningún otro cálculo, y se contabiliza aparte para que veas cuánto se cayó por política.
Fijar el PVP en 29,95 € convierte cualquier sistema en «solo dropshipping barato»: un producto de 120 $ con PVP de 400 € ni entraría en la lista. Krevio calcula el PVP por tramo, y encima aplica un techo por categoría, porque el cliente sí sabe lo que cuesta una camiseta y no sabe lo que cuesta un aparato con mecanismo.
Ordenar por margen en euros favorece siempre a lo caro; ordenar por porcentaje favorece siempre a lo barato. Cualquiera de los dos atasca el sistema en un único tipo de producto. Todos parten de 50 puntos y lo que mueve la aguja son señales de que el producto se puede vender de verdad.